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CONSUMIR MALGASTANDO

CONSUMIR MALGASTANDO

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No podemos hablar ni de lógica ni de justicia en un mundo, una sociedad, en la que mueren decenas de millones de personas – sobre todo niños – por hambre, mientras se tiran más de un billón de euros en alimentación al año, tan solo que en Europa… No es de sentido común. Sin embargo, es lo que está ocurriendo, a mayor vergüenza de lo que llamamos humanidad. Y no se trata de ejercer aquella famosa “Canción del Pobre: Reventar antes que sobre”, pues eso, en el fondo, no es otra cosa que un egoísmo mal entendido y peor ejercido. La clave está en la distribución, y en la mala praxis de sus sistemas de comercialización, en los que se prima a la compra por encima de la necesidad.

Mette Lykke es una danesa de 45 años que, concienciada del criminal despilfarro que supone el desperdicio de que el 40% de los alimentos producidos vuelva a la basura, y que, aparte de los cientos de millones de personas que apenas logran tener una escasa comida al día, encima generan el 10% de las emisiones globales de gases a la atmósfera, ha puesto en marcha una de las “star-ups” globales más exitosas de nuestro continente. Se la conoce por Too Good To Go, que en castellano regularmente traducido sería algo así como “Demasiado bueno para ser eso”, y es una plataforma que conecta supermercados y restaurantes con consumidores, y que se comprometen a rescatar sus excedentes a un precio mucho más reducido… Ya opera en 22 países, tienen más de 130 millones de usuarios/beneficiarios, y cuenta con más de 500 millones de “COMIDAS SALVADAS”, como se las denomina a las rescatadas al desperdicio.

Se congratula de que España sea el tercer país de la UE en implantar una ley de calado estructural en este sentido: obligar a las grandes superficies a trabajar con organizaciones sociales para donar alimentos excedentarios, y a tener un plan claro enfocado a reducir el despilfarro… Aquí desperdiciamos millones de toneladas de comida al año; y en esto no se cuenta la que tiramos directamente a la basura los clientes consumidores. Si la sumamos, más de la mitad de los productos producidos en el mundo van a parar al estercolero mientras cada 15 minutos muere un niño de hambre… Una de las mayores burradas humanas, lograda por las políticas agresivas de venta y consumismo, que se traduce en compras compulsivas inútiles.

Es uno de los problemas más absurdos y escandalosos de los que tenemos: desde el punto social producimos la suficiente comida como para que nadie pase hambre; y desde el punto de vista económico, tiramos en buen estado alimentos que superan esa necesidad con creces… Por un lado, está la avaricia del vender, y por el otro, el ansia del comprar para acumular. Se prefiere tirar a compartir. Lo que esta plataforma busca es un cambio de filosofía: introducir la ética en el consumo. No solo reducir las alacenas al mínimo necesario, sino también que las empresas cedan, o rebajen, el precio de los excedentes, para la gente con mayor dificultad y con menor acceso a ellos. Cualquier cosa antes que tirarlos a los contenedores… Todos los políticos que hacen campaña electiva, deberían de examinarse de sus prioridades en esta asignatura. Por pura honradez. Y nosotros no deberíamos comprar ni comer en establecimientos que no tuvieran garantizada estas prácticas fehacientemente.

Existe un momento equívoco a la hora de examinar esto: ¿cómo es posible que nos quejemos del encarecimiento en la cesta de la compra, a la vez que despilfarramos comida tan inconscientemente?.. Y no nos lo explicamos. Quizá sea porque los llamados “alimentos frescos” suben, pero contrarrestados con los manipulados, elaborados y procesados, con los que bombardean nuestra comodidad de almacenar para recauchutar¸ pero el caso es que la inflación no es directamente proporcional al desperdicio de alimentos que hacemos…Por eso no veo factible ni realista el objetivo que propone la Onu de reducir a la mitad el desperdicio alimentario antes del 2030. No estamos preparados, porque no estamos concienciados.

La idea lanzada por Too Good To Go, es teóricamente impecable: gana el consumidor, desperdiciando menos y ahorrando más; gana la empresa, que le permite obtener ingresos por productos que iban a la basura; y gana el medio ambiente al verter menos residuos a la atmósfera… En principio, debería de funcionar. Y la verdad es que funciona. Pero no lo hace en cuanto a principios de estricta solidaridad, pues solo se mira por la rendija de los beneficios concretos y materiales que se pueden conseguir. Su potencial es mayor que su realidad, y su rendimiento es menor que su posibilidad; y eso es porque la moralidad aún no es la normalidad.

Ya que esos principios deberían de darse en todo orden de cosas y casos: en la ropa, en los complementos, en el utillaje y el cacharraje de todo tipo y condición… Se da en el peor ejemplo de los plásticos, donde, por un lado se quiere reducir la producción de bolsas, mientras que por otro se multiplica el envasado plástico de cualquier producto. Y el alimentario, encima, con la excusa de preservar la duración y sanidad del producto conteniéndolo en un medio tóxico de partículas plásticas… No es entendible, y mucho menos respetable, dado que es ese fenómeno van intrínsicamente unidas la alimentación con la plastificación, intoxicando lentamente nuestros organismos, que esa es otra…Pero a lo que íbamos: la globalización ha sido el Caballo de Troya por el que se nos ha colado el tocomocho de la especulación y el monopolio, concentrando la producción y la distribución, y la riqueza, en manos de unos pocos que esclavizan a unos muchísimos. Su mejor herramienta es la expansión del consumismo sin orden ni concierto, ni medida alguna que lo frene… Y éste es uno de los efectos de aquella causa principal: que nos hemos procurado una de las mayores y más sangrantes injusticias humanas: la de matar de hambre tirando lo que superproducimos, mientras nos disfrazamos de máscaras solidarias.

Nadie, absolutamente nadie, ni siquiera el que esto escribe, por supuesto, puede predicar con ningún tipo de ejemplo… Estas iniciativas como la que hoy vengo a comentar aquí, apenas palian levemente este inhumano desaguisado… De momento no dejan de ser más que lavaconciencias sociales, loables, pero marcadamente  insuficientes. Serían – de hecho, son – modelos a sequir y de los que participar, cada uno en su medida, y a poco que estemos sensibilizados; pero de poco valen mientras no surjan como una exigencia innegociable desde lo más profundo y vital de todas y cada una de nuestras conciencias.

Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com

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