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“La política se asemeja a la cima de las altas montañas: solo llegan a ella las águilas y los reptiles” Se atribuye a varios autores tales como Voltaire, Jean de la Bruyere, Nicomedes Pastor, Stig Dagerman, Kevin Storm
Talento, arrojo, persistencia o sagacidad, carencia de escrúpulos, azar. Coronar en política se atribuye a virtudes y/o habilidades, pero, además, al carácter y a la mejor administración y lectura de las circunstancias. Siempre será complejo.
Los buenos, atraviesan en su carrera entre admiración y envidia. Son promesas que impajaritablemente devienen en amenazas. Mucho brillo y figuración acarrea obscuros sentimientos y animadversión, los mejores la tienen siempre más espinosa.
La victoria es caprichosa, pero, hay que estar allí, compitiendo, atento, en la mente del entorno decisivo y aún puede depender de la suerte. Nos referimos a aquellas situaciones en que es menester rivalizar con otros y no a aquellas otras, propias de dinastías o de oligarquías partidistas.
El tema es inagotable y controversial y no basta evocar a Shakespeare, Maquiavelo, Napoleón, André Maurois o Bertrand De Jouvenel, entre muchos más, para alinear la reflexión en un variado elenco de abordajes desde la mismísima antigüedad. No obstante, discutiré en el asunto desde una tipología del quehacer político, comenzando por el oportunista.
La historia recuerda a varios de ellos y destaca el ateniense Alcibíades. Siempre en el tapete, lisonjero, hábil, elocuente y sobre todo inescrupuloso. Representa en la memoria de la humanidad a los que pueden cambiar de casaca sin ninguna turbación. A los calculadores que lo son, para ventilar cualquier asunto conforme a su interés. ¿Cuánto hay pa eso? ¿Cómo quedo yo allí? ¿Qué gano yo?
Hay más, Judas de Iscariote, MarcoJunio Bruto, paradigmas de la deslealtad y no olvido a Charles Maurice de Talleyrand-Périgord. La lista es larga. En Venezuela basta echar un vistazo especialmente a la historia reciente para detectarlos.
Por lo general y tipológicamente pueden ser incluso muy inteligentes, pero, la mayoría de ellos son mediocres y arteros. El espectro de los susodichos anida precisamente en esa sistemática ponderación que asemeja al cómputo de las ocasiones para aprovecharse. Son perfectamente negociables y sin pudicia, además.
Pío Gil escribía sobre los felicitadores y Edecio La Riva Araujo sobre los adulantes, pero, la especie a la que me refiero toma de ambos manantiales y se nutre de ellos precisamente. Francisco González Guinán los retrata frecuentemente, en los teatros políticos de nuestra historia y son los más abundantes, pero lo descollante es que no solo andan en la política propiamente sino, en cada escenario de deliberación, decisión y poder de la sociedad.
Weber desiguala, en su celebérrima conferencia, “El político y el Científico” al acometer la glosa de la política como profesión y, evoco, trato de parafrasearlo, los que viven para la política como servicio y como aspiración de trascendencia y aquellos otros que viven de la política, animados por sus apetitos crematísticos y no solamente esos sino otros afanes.
Lo patético es que unos y otros arriban a la cúspide, unos como el águila talentosa, proba, expuesta, valiente, pero, también arriban, los personajes con la cara sucia maquillada y sonriente, empero, la faz pegada a la tierra, al pantano, a la culpa, al dolo, mutantes, ladinos, maniobreros, alabarderos, animas infectas, los avispados que son de todos y de ninguno. Por eso pensar en ellos nos lleva al último círculo de la Divina Comedia.
En la Venezuela de hoy, deberíamos apreciar entre los visibilizados, a los primeros de los segundos. Difícil resulta entre los agazapados y mimetizados que como Alcibiades, les da igual servir a Atenas que a Esparta, a la democracia que al autoritarismo. A los patriotas y a los que o no saben o no les importa el tema porque dejaron hace tiempo de concientizar.
Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@gmail.com, @nchittylaroche



