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me whatshapea una querida amiga que tiene la mala costumbre de leerme. No es así exactamente. En realidad me siento como un agujero negro dentro de una galaxia cada vez más ajena. Algo así como una estrella que empieza a colapsar en sí misma, ya sabes… Esta amiga, compañera de muchas vivencias y experiencias, suele intuir mi ánimo a través de lo que escribo, por lo que con ella no sirve de nada el simular que disimulo. Además, ¿para qué?.. si hemos hecho parte de la misma “mili”…
Es lo que pasa llegado a determinadas fases. Yo me expreso ya a través de mí mismo, como esas enanas blancas citadas antes, que emiten una radiación que cada vez suena más a eco lejano que a sonido cercano… Me he puesto, como verás, en plan cósmico, pero no intento justificar nada que no se pueda expresar a través de las palabras. Mejor están escritas que habladas, pues como que el pensamiento, que es onda, se convierte en partícula, que es letra, pues el pronunciarlo sería como quedarse a mitad de camino entre esa onda y esa partícula. A pesar de lo que se dice que, al principio fue el Verbo, que yo creo que no, que al principio fue la Idea, y luego la Voluntad.
Nosotros nos encontramos en tránsito – por lo menos yo me siento así – y me pregunto si lo que me queda por hacer (si es que aún queda algo que hacer) pertenece a este universo, o espera en algún otro… No hace mucho, leí un libro, una novela, “La biblioteca de la media noche”, en que se fantaseaba – aunque puede que no sea precisamente una fantasía – sobre que, entre una vida y otra, existe una biblioteca infinita de infinitos estantes, que albergan un número infinito de volúmenes por ser leídos; y donde cada uno de esos libros es la oportunidad de vivir otra vida distinta a la vivida… Y que pudiéramos comprobar las consecuencias de esas, y otras, decisiones de elegir libremente.
Lo cierto y verdad es que eso me recuerda a la conocida en física por la “Teoría de Cuerdas”, que asegura la existencia de infinitos grados, o niveles, de vibración de una cuerda, y donde queda en el aire si todo, incluidas nuestras existencias, en realidad somos la cuerda, o tan solo el sonido, el tono que producimos según vibramos… Puede ser que seamos ambas cosas a la vez, por lo de la onda y la partícula que decía Einstein, y a lo que yo me agarraba al principio de este escrito a modo de licencia poética. El caso es que puede ser, aunque yo no lo sepa, claro… No obstante, y personalmente, por supuesto, me siento más cómodo con la “teoría de libros”. Me resulta más familiar y cercano. Y más cálido también.
Y si eso fuera algo como tal eso, entonces yo estaría leyendo las últimas páginas del libro que sostienen mis manos sobre mi vida. O puede que, en vez de leyendo, fuera más exacto decir escribiendo… o acaso es ambas cosas a la vez y al mismo, y en un mismo, tiempo… ¿Qué tales “libros” fueran “probabilidades” de distintas experiencias, pero que la trama nos toca desarrollarla a nosotros?.. Me imagino a esa misma amiga `preguntándome qué me ha dado, y qué necesidad tengo de comerme el tarro de este modo, aunque sé que ella también se pregunta estas cosas… Y llevaría toda la razón del mundo. Aunque ya saben ustedes aquel dicho de que, a veces, “la razón tiene razones que la propia razón desconoce”, o algo así. Son esas veces en que uno se ve inclinado a plantearse cuestiones que, la mayor parte de la gente, considera “no normales”, lo cual lo deja a uno fuera de juego, y hasta del tablero de juego, o de lo que esto sea que fuere.
Pero ese es el caso de la pregunta que hace Matt Haiss, el autor del libro citado: ¿Habrías hecho algo de manera distinta si hubieses tenido oportunidad?.. A lo cual yo le respondo, con su permiso y el de ustedes: ¿acaso no tenemos todas las oportunidades inimaginables y la facultad del libre albedrío?… Nosotros somos los autores, los libretistas, los directores y actores de nuestra propia obra. La cuestión es qué nos hace decir lo que cada cual elegimos por nosotros mismos. Y el porqué lo hacemos. Lo demás resulta secundario, casi que ocioso en un mundo al que el género humano parece habérselo puesto por montera a la espera de las últimas boqueadas.
Se me ocurre que de ahí, precisamente, la aparente inacción del Bibliotecario supremo, que parece decirnos lo que no queremos escuchar: algo así como que tenemos vidas a nuestra disposición como para no aburrirnos; infinitud de vidas a estrenar y experimentar; pero que, sin embargo, existencia solo tenemos una. Cada cual la suya propia, si bien tocando en distintas vibraciones, aunque todos naveguemos en un mismo barco: el de la humanidad como conjunto… Lo individual y lo colectivo es parte de un mismo todo, pero ese todo tiene que descubrirlo cada uno por sí solo, y no a través de constructos algunos… “mira dentro de ti, y no en templo alguno”, se nos fue dicho como pista.
Y me parece a mí que la última etapa del viaje se hace en la soledad de uno mismo. “La noche oscura del alma” la llamó Santa Teresa. Se hace tan estrecho el camino, que no da anchura para más de uno: tú, y vas sobrado, y eso es porque nadie puede andar el camino de nadie, pues cada cual tiene su propia senda con su propio nombre. Y no sabemos tampoco la cantidad de libros por leer, ni cómo, ni dónde, ni de qué forma y manera.
Lo que me pasa, creo, no es que me sienta depresivo, que no; lo que me siento es como si estuviera cerrando capítulo, uno de tantos… El habitual de la lectura sabe que los acontecimientos, los recursos narrativos, los detalles, a veces dan la intuición de que el punto final antes de abrir a una nueva parte está al caer. Que todo parece indicar un alto antes de un salto. Ya me entienden. Otra cosa es hacia dónde se salta, que en estos casos suele ser imprevisible, pero tiene mucho que ver desde dónde se salta… Uno de los principios más antiguos de la cultura humana (Hermes Trimegisto) dice que “el universo es mental, y el Todo es mente” (El Kybalión). Lo que nos devuelve a uno mismo. Nosotros formamos parte de la Mente Universal del mismo modo que la Mente Universal forma parte de nosotros… El entender esto – o el intentar entenderlo – es una cosa, y otra es lograrlo, y puede ser la sensación de un realismo que aparenta ser pesimismo…
Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com



