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La solidaridad de los aliados internacionales de Maduro se estanca a dos meses del #3Ene

La solidaridad de los aliados internacionales de Maduro se estanca a dos meses del #3Ene

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Las menciones y apoyo directo a Nicolás Maduro en el escenario internacional se han estancado al pasar de los días, mientras el exgobernante venezolano espera una nueva comparecencia ante una corte de Nueva York. El politólogo Enderson Sequera señala que los pronunciamientos de países como China y Rusia “han sido bastante tímidos y poco contundentes” luego de la captura por parte de Estados Unidos

El escenario geopolítico luego del 3 de enero dio un cambio tangible para el eje “no alineado” a Occidente. La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en una operación militar de Estados Unidos puso en jaque la influencia de naciones como Rusia y China en la región latinoamericana.

El politólogo Enderson Sequera considera que Maduro “ha quedado solo” con el pasar de los días. “Los pronunciamientos de Rusia y China, en teoría los aliados más fuertes de Maduro, han sido bastante tímidos y poco contundentes” tras su captura. Ni Vladimir Putin ni Xi Jinping mencionaron su captura o si quiera el ataque militar en Caracas directamente, y lo han dejado a nivel de cancillerías.

Si bien señala que no se esperaba movilización de tropas o apoyo militar ruso y chino, sí era previsible “un poco más de solidaridad en la retórica. Eso no se ha visto. Se comprueba la hipótesis de que China y Rusia usaban a Venezuela como plataforma de presión contra EEUU, pero nunca estuvieron dispuestos a una alianza que fuera más allá del apoyo económico y financiero en determinados momentos”.

Esa visión estratégica comercial se ha mantenido desde la encargaduría de Delcy Rodríguez. El lunes 2 de marzo se conoció de una reunión entre el canciller Yván Gil y director del Departamento de América Latina de la Cancillería rusa, Alexánder Shchetinin, para revisar los “progresos” de la “cooperación estratégica” que mantienen ambos países, sin dar mayores detalles sobre los tópicos que abarcaron las conversaciones.

Apenas en noviembre pasado entró en vigencia el “Acuerdo de Asociación Estratégica y Cooperación entre Rusia y Venezuela”, que ampliaba la cooperación en el sector político y económico, especialmente en materia de energía, minería, transporte y comunicaciones, seguridad y lucha contra el terrorismo.

El 5 de febrero de este año, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, alertó sobre los «abiertos intentos de expulsar» a compañías rusas del mercado venezolano por parte de EEUU. Compañías como Roszarubezhneft, una estatal que administra los activos petroleros rusos en Venezuela, afirmó que continuaría el cumplimiento de sus obligaciones en el país.

«Económicamente Rusia pierde poco con el cambio de régimen en Caracas: los préstamos eran difícilmente recuperables, las ventas de armas están paralizadas y los proyectos petroleros ya no eran rentables. La pérdida es fundamentalmente (geo)política. Por tercera vez en dos años, Moscú demuestra su incapacidad para proteger a un aliado clave y pierde influencia en una región estratégica: primero en Oriente Medio con el régimen sirio de Bashar al-Assad y luego en Armenia en el Cáucaso sur.  Y ahora en América Latina», ha señalado Mira Milosevich-Juaristi, investigadora principal para Rusia, Eurasia y los Balcanes del Real Instituto Elcano.

Rusia también decidió levantar la restricción de viajes hacia Venezuela el pasado 24 de febrero, al considerar que Delcy Rodríguez y el resto de las autoridades «tienen bajo control la situación en materia de mantenimiento del orden público».

En ese momento, reiteraron su exigencia de una liberación «inmediata» de la pareja Maduro-Flores, sobre quienes han planteado la posibilidad de otorgar un asilo.

Por su parte, China también ha privilegiado la relación diplomática y comercial con Venezuela sin dejar de lado pronunciamientos esporádicos sobre la situación del exgobernante venezolano.

“El uso de la fuerza contra un Estado soberano y el control forzoso sobre su presidente por parte de Estados Unidos constituyen actos hegemónicos que violan gravemente el derecho internacional y vulneran la soberanía de Venezuela. China apoya a Venezuela en la salvaguardia de su soberanía, dignidad y derechos legales”, ha dicho el portavoz de la cancillería China, Guo Jiakun.

El embajador chino Lan Hu ha participado en reuniones directas con representantes del Ejecutivo, la última de ellas el 27 de febrero, mientras que Venezuela ha informado sobre el apoyo de la nación asiática para el equipamiento de unidades hospitalarias, como sucedió en el complejo hospitalario universitario Ruiz y Páez (Ciudad Bolívar, estado Bolívar) el pasado 6 de febrero.

Para el politólogo Sequera, Venezuela “tiene una oportunidad histórica de que, al final del tutelaje, haya una elección libre en el país que tenga como resultado la elección de un gobierno democrático”.

Asegura que de esta forma, el país podría insertarse nuevamente dentro del hemisferio occidental “como un suplidor muy confiable de energía y uno de los aliados más cercanos de EEUU” en la región, además del “retorno a mercados financieros globales” con el aval de una administración Trump que espera mantener bajo su control la venta de exportaciones petroleras venezolanas en el corto y mediano plazo.

El escenario regional post Maduro

Cuba, el eterno aliado del chavismo en la región, ha mantenido sus reclamos sobre el intervencionismo estadounidense tras la operación militar del 3 de enero. La isla sufrió sus propias bajas dentro de ese evento, tras reportar la muerte de 32 militares cubanos que formaban parte del anillo de seguridad de Maduro.

Sin embargo, el tutelaje que mantiene el gobierno de Donald Trump sobre las ventas de petróleo venezolano puso en jaque una de sus principales fuentes de financiamiento y energía de la isla, servicio que atraviesa su peor momento en las últimas décadas debido a apagones recurrentes.

El propio Trump mantiene la presión sobre Cuba con el embargo y ahora la posibilidad de una “toma de control amistosa”, tras los resultados obtenidos en Venezuela e Irán, donde ya ha dado un ultimátum de negociación a los gobernantes de la nación persa tras los ataques conjuntos del fin de semana que ocasionaron la muerte de al menos 48 personas pertenecientes a la cúpula gobernante, entre ellos el líder supremo Alí Jamenei.

“Podríamos muy bien terminar teniendo una toma de control amistosa de Cuba después de muchos, muchos años”, dijo Trump a reporteros en la Casa Blanca el pasado 27 de febrero. “Están pasando por grandes problemas y podríamos muy bien hacer algo bueno, creo, algo muy positivo para las personas que fueron expulsadas, o peor aún, de Cuba y que viven aquí”.

Sin embargo, un día antes se informó sobre una nueva serie de licencias de la OFAC, adscrita al Departamento del Tesoro estadounidense, para permitir la reventa de crudo y otros productos venezolanos al sector privado cubano “para uso comercial y humanitario” en la isla.

En cambio desde Brasil, cuyo presidente Lula da Silva mantiene buenas relaciones con el gobierno venezolano pese a los reclamos sobre las últimas elecciones presidenciales y en materia de derechos humanos, se ha insistido en la liberación de Nicolás Maduro debido a la violación del ordenamiento internacional.

El propio Lula, hace 10 días, señaló que lo importante “ahora es restablecer la democracia en Venezuela”. Sobre Maduro, indicó que si debe ser juzgado por algún delito “debe serlo en su país, no en el extranjero”, pues Brasil “no puede aceptar la captura de un jefe de Estado por otro”. Esta cuestión, dijo, sería planteada por escrito al propio Trump.

Enderson Sequera señala que la administración Rodríguez podría retomar relaciones con países de la región, más allá de lo estrictamente consular como ocurrió con República Dominicana a principios de febrero, “especialmente si sigue manteniendo el apoyo y respaldo inicial de EEUU”.

El reto es a mediano plazo, afirma el politólogo. “Los Rodríguez querrán ganar tiempo para mantenerse en el poder. Pero la sociedad venezolana presionará para que se den garantías democráticas que culminen en elecciones libres”.

Un nuevo gobierno democrático, reitera Sequera, “sí estaría en una posición inmejorable para restablecer las relaciones con toda la región, más allá de lo meramente consular y migratorio, incluso mediante acuerdos de cooperación energéticos, económicos y hasta de seguridad”.

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