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Libros: nuevos y viejos

Mover las energías, seguir adelante y aceptar los cambios de la vida es fundamental en estos momentos y circunstancias.
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Para Marianella, mi hija

Por: Gloria Cuenca

       Los libros son parte de mi vida con intensidad, pasión y dedicación. Amor inculcado y heredado de mi padre Humberto Cuenca. Mi madre también amaba los libros. Leía, fue gran lectora. Pequeña, no tenia todavía 5 años, mi padre ponía, a mi hermano Raúl y a mí, a rociar con kerosene los libros que compraba, al sospechar que tuvieran termitas o polillas. Muchas veces, libros viejos. El olor de los libros, se mezclaba con el kerosene; los metíamos en una batea y cada libro, sospechoso de estar contaminado, recibía su baño. Inolvidable ese “olor”. No nos gustaba el trabajo; no podíamos negarnos: ¡era la vida de un libro! con importantes implicaciones. Muchas veces no lo entendíamos. Solo el imperativo: ¡Hay que cuidar los libros! Con los años, la casa de mi padre, se convirtió en una inmensa biblioteca: libros por todas partes. Ante la cercanía de su muerte -una terrible afección cardíaca- me designó: responsable de entregar su biblioteca a la Universidad Central de Venezuela. Lo hice con reverencia y respeto. Su última voluntad. Creí, ilusa de mí, no volvería a tener una biblioteca tan grande.  Adolfo L. (QEPD) y yo, amábamos los libros.  Al principio con algunas obras y luego se incrementó. Resulta qué tengo- mejor dicho-tenía, una enorme cantidad de libros. Media casa llena de estantes con todos los libros que fuimos comprando a lo largo de más de 50 años. Desde que empezó la crisis, no compré ni un libro, más.  No por falta de ganas. Tomé conciencia:  la edad, el significado y la relevancia que les doy. Los libros y todo lo expuesto, están implicados, en tres grandes amores masculinos fallecidos: mi padre, mi hermano y Adolfo. Mi hija me dijo: “¡Basta! No se puede, ni se debe, seguir almacenando recuerdos por esta vía.” En efecto, guardo, parte de mi vida intelectual y amorosa, de esa manera. Fue definitivo: me di cuenta. Ella lo logró: me puse en acción. Donaciones, corrección, revisión de documentos y papeles, roturas de dedicatorias para donaciones, regalo de libros a interesados, entre numerosas opciones que manejo, para resolver la situación. Con el corazón apretujado por la nostalgia, la incertidumbre y el deseo íntimo, de mantenerlos donde están. Una sin razón, obviamente.

         Mover las energías, seguir adelante y aceptar los cambios de la vida es fundamental en estos momentos y circunstancias. No me planteo la posibilidad de la desaparición de las bibliotecas privadas. Sin embargo, ocurre. Razones ecológicas, de espacio y funcionalidad, ganan la batalla. En medio del enorme caos: papeles, libros, estantes, polillas y demás, un antiguo alumno, Marco Torres V, (no confundirlo con el del gobierno) me regala un libro estupendo para ayudar en la reconstrucción del país: Propuesta para una nueva Venezuela. (Editorial Corpoimagen2020.) Periodista, exalumno y ahora escritor, ha producido numerosos libros. Estimula la esperanza. Por otra parte, recibo, por vía virtual, un libro, fundamental, por lo que implica: “Hija de Revolucionarios” de Laurent Debray, la hija de Regis Debray. Conmueve y toca la culpa que siento, por lo equivocada que estuve y me mantuve por años.  ¡Me arrepentí a tiempo! ¡Gracias a Dios! ¡Un consuelo para mí!  Mi nieta mayor, gran lectora, me envía una delicia de novela: “En tus zapatos” de la escritora inglesa Beth O`Leary, la disfruto, me encanta.

        No obstante, la verdadera terapia y ocupación es escribir. Agradezco a Dios, a esta avanzada edad: la  capacidad de narrar, escribir, describir y memoria para recordar. Ser capaz de darme cuenta de las maravillas que disfruto.  Hijos y nietos, amados y especiales. Amigas y amigos, ex alumnos. Poder ver a nuestro Ávila, sin nubes o con ellas y seguir adelante. Hay libros magníficos, poder leerlos, aprovecharlos en su dimensión, gratificante.

         Sigo sobre los libros. Un exalumno, querido, emprendedor e inteligente, Gerente de la Editorial: Barralibros, Gustavo Oliveros, además, periodista, escritor, novelista, exitoso. (Seis novelas publicadas; la más reciente titulada:” La última novela del hombre invisible y su amor desesperado“).A él le entrego el manuscrito de mi libro: “Ética para locutores”, lo divulga rápido. (En Amazon: destinado a Locutores y alumnos del Curso, valga la cuña). Conjuntamente, prácticamente, entrego para su edición: “Reflexiones: Comunicación y Periodismo. Éticas, Tecnológicas, Sociales e Históricas”. Está en proceso de divulgación. Recibo, el mismo día, el libro de la periodista y escritora Faitha Naimens, “Anatomía de la Dignidad”, sobre la tragedia de Franklin Brito. Excelente y dramático recuento. Se me ocurren interrogantes: ¿Una huelga de hambre para gente sin principios, ni valores morales? Jubilados de PDVSA también lo hicieron. Desesperados, sin recursos, ni respuesta. Sin valores, no hay posibilidad de encuentro, menos de comunicación.

    La publicación, difusión de libros venezolanos, se siente bien, en medio del desastre político-social que vivimos. Hay constante ebullición por hacer, decir, escribir, emprender, lograr, entre nuestra gente.  No logran desanimarnos. A pesar de maldades, envidias, agresiones, atropellos y obstáculos. ¡Bravo por los venezolanos! ¡No pueden con nosotros, los buenos somos más! ¡El 22 de octubre se demostró!

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